La exploración del espacio no sería posible sin la minería y la metalurgia. Detrás de cada nave espacial, satélite o traje de astronauta hay materiales capaces de resistir condiciones extremas, y ahí entran en juego metales como el oro, la plata, el cobre y el zinc, producidos por Industrias Peñoles.
En el espacio, la radiación y las temperaturas extremas representan un desafío constante. El oro, por su capacidad para reflejar el calor y resistir la oxidación, se utiliza en visores de cascos espaciales y en recubrimientos de instrumentos que deben operar en ambientes hostiles. La plata, con la mayor conductividad eléctrica entre los metales, es clave en paneles solares, baterías y sistemas ópticos de satélites. El cobre, por su conductividad térmica y eléctrica, es esencial en el cableado de naves espaciales y en los sistemas de propulsión. Mientras tanto, el zinc protege estructuras metálicas de la corrosión y permite el desarrollo de aleaciones resistentes para componentes de alta precisión.

Más del 90% de la estructura y los sistemas de un vehículo espacial dependen de metales, lo que convierte a la minería en un eslabón indispensable en la cadena de valor aeroespacial.
Este vínculo entre minería y espacio cobra especial relevancia en el marco del International Day of Human Space Flight, conmemorado cada 12 de abril. Este año, la atención se centra en la misión Artemis II, que marcará el regreso de la humanidad a la órbita lunar. Esta misión es posible gracias a tecnologías avanzadas en la nave Orion y el cohete Space Launch System, donde metales de alta pureza como el oro, la plata, el cobre y el zinc desempeñan un papel crucial en la supervivencia y comunicación de los astronautas en el espacio profundo.
La minería no solo sostiene la infraestructura terrestre, también impulsa la frontera tecnológica que permite a la humanidad mirar más allá de nuestro planeta.


